Tren al sur: Jorge González reaparece en un escenario y recibe homenaje en Concepción

Foto por Andy Ruiz
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El cantante fue anoche el protagonista del tributo sinfónico que se le rindió en el sur, encabezado por Álvaro López de Los Bunkers. El sanmiguelino, pese a estar retirado de los escenarios por problemas de salud, hasta se atrevió a entonar un trozo de “El baile de los que sobran”.

 

A las nueve de la mañana de ayer, sábado 25 de enero, arribó el avión que llevó de vuelta a Jorge González a Concepción, aquella ciudad que la historia ha inmortalizado como cuna del rock local, por ser el origen de bandas ilustres como Los Tres, Los Bunkers, Santos Dumont, Emociones Clandestinas y Machuca. En el aeropuerto lo esperaba Ricardo Mahnke, su amigo y organizador del homenaje que anoche se haría en su honor: la cita “Jorge González Sinfónico”, la que contaría con la participación de Álvaro López (Los Bunkers) en la voz y de la banda tributo Los Presos, además de la Orquesta Sinfónica de Concepción.

 

 

Cinco años pasaron desde que Mahnke y González se vieron por última vez y justos 35 desde que el productor invitara a Los Prisioneros a tocar fuera de Santiago, convirtiéndose aquella presentación -que tuvo lugar en el Aula Magna de la Universidad Católica de Concepción en 1984- en una jornada de culto, pues fue la primera aparición de la banda fuera de la capital. Además, fueron teloneados por un incipiente conjunto bautizado como Los Ilegales, integrado por unos desconocidos Álvaro Henríquez y Roberto “Titae” Lindl.

Ricardo Mahnke está ansioso y contento, atento a la llegada de su amigo. Mientras espera, cuenta anécdotas de cuando lo conoció en los 80 y algunas historias que vivió en esa época junto al astro de rock argentino Charly García. El productor tiene todo listo para la noche: el Espacio Marina de Talcahuano será un excelente lugar para dar curso a la jornada -originalmente planificada en el Gimnasio Municipal de Concepción-.

Luego de unos minutos aparece González, vestido de negro, parka azul y zapatillas blancas. Se ve alegre, sonriente, y con un fuerte abrazo sella el encuentro con su anfitrión.

Alrededor de ellos se concentra gente, que sorprendida de ver al “padre del rock nacional” en el aeropuerto de la ciudad penquista, expresa su emoción sacándole fotos, pidiéndole selfies y vociferando palabras de admiración y cariño: “¡Grande Jorge!” “¡Eres lo máximo!” “¡Te queremos!”. Entre quienes lo saludan, hay varios que vienen llegando de Santiago y otras ciudades a presenciar el show.

Mientras Jorge camina hacia el auto que lo llevará hasta su hotel, se escuchan aplausos, y en algunos rostros se asoman lágrimas de emoción: el autor de himnos mayúsculos como “El baile de los que sobran” ha llegado a Concepción.

 

La reverencia y el homenaje

A las seis de la tarde comienzan a llegar los primeros asistentes del evento. Variadas poleras de Los Prisioneros y de Jorge se divisan entre la gente. Desde la calle se escucha el ensayo de Álvaro López junto a la filarmónica, afinando los últimos detalles de la emblemática “Tren al sur”.

En ese momento la canción cobra un nuevo sentido: es la conexión entre dos viajes del cantautor a tierras penquistas, en dos momentos significativos de su carrera. El comienzo en 1984 y el homenaje, 35 años después. El carácter simbólico del concierto toma cada vez más relevancia, desde la perspectiva musical se presenta una versión sinfónica de las composiciones de González, interpretadas además por uno de los exponentes rockeros más importantes de la ciudad, el intérprete que hace sólo un par de semanas también fue protagonista del estallido social al reunirse junto a su banda madre, Los Bunkers.

Motivo suficiente para considerar el encuentro como un momento significativo del rock nacional, sin perder de vista la perspectiva humana y social: las canciones del sanmiguelino han tomado un enorme protagonismo precisamente durante la crisis social y el reencuentro con Mahnke marca el cierre de un ciclo dentro de su carrera.

El show comienza con un video compilatorio del ex Prisionero en diferentes etapas de su trayectoria. Una de las imágenes que saca aplausos es la recordada escena del músico botando micrófonos de la prensa en plena conferencia el año 2003. Cuando finaliza el video, Mahnke agradece la presencia de los asistentes y en un pequeño discurso enfatiza la urgencia de homenajear a los artistas chilenos sin tener que pasar por la decisión de una autoridad.

En ese momento el público entona cánticos en contra del presidente Sebastián Piñera, Mahnke remata con un chiste y cierra invitando a Jorge a pasar al escenario. El público se pone de pie y el músico aparece en escena mientras es vitoreado. “¡Abrazo!” dice al llegar al micrófono, entonando la primera parte de “El baile de los que sobran”, canción que ha vuelto a la palestra en el marco del estallido.

El público lo acompaña en el canto. Luego de la emotiva intervención, Mahnke le entrega un par de reconocimientos, y mientras el público aplaude, Jorge se queda unos segundos en silencio, recibiendo emocionado la energía y afectos que la gente le entrega. Al bajar del escenario, se integra al público, sentándose en una ubicación especial en primera fila.

Diversas canciones de diferentes álbumes son interpretadas en conjunto por la sinfónica, el grupo local “Los Presos” y Álvaro López en la voz. La primera es “La voz de los 80”, para luego avanzar con una pregunta de López: “¿Qué es lo que mueve al mundo?”. “¡El dinero!”, responde alguien desde el público. “El sexo, baby”, dice el ex vocalista de Lo Bunkers, para dar paso a “Sexo”. En “Por qué no se van”, López cambia la letra: “Si tu apellido no es González ni López”, provocando aplausos y gritos entre la gente.

Uno de los momentos emotivos de la jornada se produce en la interpretación de “Fe”, donde todos, músicos y asistentes, se unen en una sola voz cantando al unísono la canción que marcó un momento de fuerza para Jorge González después de su accidente cerebrovascular de 2015. López aparece en escena con una copa de vino. La canción cierra entre aplausos rotundos y cánticos para Jorge: “Olé olé olé… Jorge, Jorge”.

Desde atrás, una voz grita “¡Lo estamos pasando muy bien!”. Uno de los integrantes de Los Presos sella el momento diciendo que “no estaríamos aquí si no fuera por Jorge y sus creaciones”.

Luego fue el turno de “Estrechez de corazón”. Desde su ubicación, Jorge observa el show atento, concentrado, sin distraerse en ningún momento. Aplaude todas las canciones una vez finalizadas y comenta con sus acompañantes algunos instantes de la presentación. “¡Lo más grande!” grita una voz y el show continúa con “Que no destrocen tu vida”. En “Tren al sur”, López manifiesta sus sentimientos: “Quiero decir que estoy muy emocionado de estar cantando estas canciones aquí frente a Jorge”. Durante la canción, el público acompaña ejecutando sonidos de tren.

Por su parte, la orquesta sinfónica alcanza su punto cúspide durante la interpretación de los temas del álbum Libro, una de las últimas grandes travesías en solitario del artista chileno. “Nada es para siempre” se zambulle entre arreglos de violines que justifican con honores la presencia de la orquesta.

Comienza a anochecer y la fiesta continúa con “Concepción”, tema compuesto por González el año 2003 y que nombra al productor Ricardo Mahnke, entre otros amigos de la época que están presentes entre los invitados. El público corea la canción, claramente un himno para los penquistas. Mientras tanto, López toca la guitarra y desde el público gritan “¡Aguante Conce CTM!”. López responde en tono irónico: “Oye, esto es una huevá sinfónica” para rematar con un “¡Aguante Conce CTM!” que es aplaudido por los asistentes.

Los acordes de “Muevan las industrias” comienzan a sonar. López pregunta: “¿Qué dicen los vientos?” responden los trombones y comienza a bailar, involucrando al público en su performance.

 

Sincronía prisionera

Ya es de noche, hace frío, corre viento y el concierto está en llamas. Son más de veinte músicos sobre el escenario interpretado las canciones del músico, que observa a pocos metros la presentación. Comienza a sonar “Corazones” y entre cánticos del público aludiendo al estallido social y sus demandas, López vuelve a la carga manifestando su emoción: “para nosotros ha sido increíble trabajar en estas canciones maravillosas de este tremendo compositor”, dando el pase al himno compuesto por Jorge González protagonista del último tiempo: “El baile de los que sobran”. La canción es recibida con aplausos y consignas políticas.

Al finalizar, Jorge se retira del lugar entre aplausos y agradecimientos: “¡Gracias por tu música!” le grita un hombre que está entre el público. Junto con la salida de Jorge, la seguridad permite a la gente acercarse al escenario. El show continúa con los asistentes de pie, que saltan y corean las canciones interpretadas por la formación del homenaje. “No necesitamos banderas”, “Quieren dinero”, “Mentalidad televisiva” “Sudamerican Rockers”, “Pa pa pa” y “Nunca quedas mal con nadie” son cantadas alegremente por la multitud. Mientras tanto, en el camarín, Jorge es saludado por amigos y algunos fans, mientras firma objetos que la gente desde el público le envía con ese propósito.

González se ve contento, conversa con todos mientras cuenta que durante la tarde escuchó a sus colegas ensayar desde el hotel donde se hospeda (refiriéndose a Narea y Tapia, que tocaban esa noche también en Concepción). Minutos más tarde llega Álvaro López, quien ya habiendo terminado su presentación, se sienta en una silla simulando un desmayo. Se ve contento, emocionado: “El primer casete que grabé con mi hermano y con un primo, cuando no sabíamos tocar ni acordes, fue ‘Muevan las industrias’. Suena horrible, pero de ahí partió todo, esa canción marcó que yo terminara cantando, nunca lo había contado hasta ahora”.

La noche en la ciudad termina y los simbolismos continúan: a ocho kilómetros del lugar, Los Prisioneros Claudio Narea y Miguel Tapia tocan con su proyecto en el Parque Bicentenario. La cuna del rock hizo de puente para reunir en una misma fecha, a la misma hora, pero en distintos lugares, a los tres integrantes de la banda ícono del rock nacional.

Se cierra así una jornada única, mística, llena de música, emociones, ciclos, reencuentros y canciones. Esa comunión que sólo la música hace posible.

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