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La magia de sentir la música en el alma

Teatro Nescafé de las Artes
16 de abril de 2012

La noche del 16 de abril venía cargada desde lo profundo para convertirse en un episodio mágico en la historia de las visitas de Secret Chiefs 3 en Chile. Trey Spruance, el ex guitarrista de 2 bandas adoradas por miles de chilenos y lideradas por Mike Patton: Mr Bungle, donde es guitarrista fundador y dueño de los acordes de la discografía completa de la banda, y Faith No More, donde es autor de las guitarras del disco “King For a Day, Fool For A Lifetime”, editado en 1995. El guitarrista brindó su último show la noche del lunes pasado en el Teatro Nescafé de las Artes, donde se reunieron sus más acérrimos seguidores para vivir la mágica experiencia de presenciar en vivo a esa bomba nuclear cargada de emociones denominada Secret Chiefs 3.

La visita de la banda al país no es una novedad. Ya lo habían hecho en diciembre del 2010 presentándose en el mismo Teatro, para volver el 2011 siendo parte del Festival de música Rock más grande hecho en nuestro país: Maquinaria, y de paso regalarle al público chileno la oportunidad de verlo tocar en directo con Faith No More, cosa nunca antes vista en la historia de su paso por la banda, ya que su trabajo con FNM sólo fue en los estudios.

Esta vez, SC3 hizo 3 presentaciones en Chile: La primera, en el Velódromo del Estadio Nacional en el concierto “Un canto para no olvidar” destinado a recaudar fondos para construir un memorial a las victimas que fueron torturadas y asesinadas en ese lugar, en tiempos de dictadura. La aventura no terminaba ahí, esa misma noche se presentaban en El Huevo, un espacio ubicado en Valparaíso, donde experimentaron una intensa conexión con el público porteño y varios santiaguinos que viajaron para verlos tocar ahí.

El concierto en Santiago, que comenzó pasadas las 21:00 horas, estaba lleno de personas de diferentes edades. Algunos lucían sus poleras de Mr. Bungle, otros de FNM, y también, obviamente, de SC3. Durante la previa, se respiraba en el ambiente las intensas ganas de presenciar el show de la banda y poco a poco los asientos y ubicaciones se fueron ocupando.

Poco a poco, el día se transformaba en noche, y la noche se venía profundamente intensa. La velada comenzó con un aplauso cerrado, y entremedio de las palmas aparecía el primero de sus temas: ‘Zombievision’, una oscura pasada por el lado más “sintético” de SC3, poniendo al público en órbita para el viaje multi sonoro y multi cultural que se venía.

Le siguieron las intensas ‘Personnae: Halloween’, ‘The 15’, ‘Fast’, ‘The 40, 0Medley (Le Mani Destre)’, y entre aplausos, chiflidos, gritos y risas del público llegó ‘Vajra’, una obra maestra del disco “Book M”, que a estas alturas es uno de los puntos altos del repertorio de la banda. Todos gritan y aplauden, el tema es muy prendido y a pesar de no salirse de la filosofía mística de Secret Chiefs 3, es intensamente pegajosa e invita a moverte sobre el asiento. –si, en el asiento- y aquí hay un punto sobre el que me quiero detener: El Nescafé de las Artes es un hermoso lugar, una heroica muestra de que los lugares muertos pueden resucitar. La infraestructura, el sonido, la acústica, la visibilidad, todo, hasta los baños están bien. Pero en lo personal, no me parece que sea el lugar idóneo para que una banda con la intensidad de SC3 se presente. El por qué es sencillo y lo dije antes: ¡Hay asientos! Eso evidentemente “corta” el ambiente que se podría generar.

Y eso queda claro al ver que en Valparaíso la onda fue diametralmente opuesta: La gente estuvo parada frente al escenario, y eso permitía disfrutar sin restricciones a la banda, incluyendo incluso varios stage diving , lo que claramente no se produjo en Nescafé por razones evidentes. La gente en el Teatro se mantuvo eufóricamente sentada, escuchando, disfrutando y mostrando su emoción con gritos y aplausos, pero se sentía en los pies un cosquilleo que invitaba a pararse para disfrutar. Pero no se podía.

Observando al público, me di cuenta que habían algunos con el ceño fruncido, otros con cara de risa, otros concentrados y de expresión analítica, otros con la boca tapada, supongo en actitud de sorpresa, más unos cuantos con los ojos cerrados y en su cara la expresión de máximo placer. Pero en el fondo, muchos hubieran preferido pararse, bailar y transpirar escuchando a Secret Chiefs 3. Muchos hubiesen querido sentirse en la penumbra, que la luz sobre sus cabezas fueran los estertores de la iluminación que los SC3 usan para decorar su puesta en escena. Porque no hay otra forma de escucharlos. Porque los SC3 no tocan baladas ni son una orquesta de cámara. Los SC3 exudan sentimientos, dolor, pasión, rabia, amor, furia y las más dispersas sensaciones que requieren de un espacio libre para recibirlas y sentirlas con mente, corazón y cuerpo.

Siguieron canciones con sonidos hipnotizantes como ‘Combat For The Angel’ y luego ‘Radar’, una esquizofrénica muestra musical que a ratos evoca pasajes de Mr Bungle, y ‘Umlaut’. Además, ver a Trey con su traje de monje encapuchado, saltando y contorsionándose como si estuviera poseído por alguna fuerza sobrenatural, es todo un espectáculo.

Con ‘Sophia’s Theme’ los sentimientos afloran . Es uno de los temas de SC3 donde es difícil contener la emoción, que te tortura con hacerse cada vez más evidente. ‘Sophia´s Theme’ es un tema triste y a la vez mágico. Es como un llanto, una pena, una caminata en alguna calle, una introspección de la que finalmente sales victorioso, con un aprendizaje bajo el brazo.

Continuaron el show con ‘Bereshith’, ‘Tistriya’ y ‘Book T: Exodus’, otro de los momentos altos de la cita con Spruance y sus Jefes Secretos. La gente “coreaba” los acordes del violín y de la guitarra, cabeceaba a ratos y sentía esa música tan propia, que daba gusto estar ahí y ser parte de ese grupo de espectadores privilegiados. Sin duda muchos de los que no fueron, con el tiempo comprenderán que se lo perdieron.

Luego, vino la primera pausa y el público aplaudía de pie y a rabiar. Gritos, risas y el nombre de la banda que se escuchaba a coro. Los SC3 debían volver a impregnarnosde esa energía adictiva de la que son amos y señores. Pisaron el escenario otra vez y con una sorpresa: Venían acompañados de una mujer, y esa mujer era chilena. Su nombre: Camila Moreno, y en el público una actitud medio extraña, como si a la mayoría no le gustara que ella estuviera ahí. Atrás, una mujer gritó ¡Camila! y ella reaccionó a ese sólo grito con un gesto alegre, hasta que los acordes de ‘Millones’ una canción de su autoría, comenzaron a sonar, y eran magistralmente interpretados por la banda de Spruance.

Personalmente no tuve la suerte de estar en el Velódromo el día sábado, presenciando entre otras bandas esa rara mezcla de ver a Camila Moreno cantando con SC3, por lo que esto llegaba de regalo. No soy seguidora de la carrera de Moreno, sin embargo se puede valorar un logro como este, siendo joven, mujer, conocida por pertenecer al ambiente más folclorico, y varios etcéteras. Digo esto porque de alguna manera se sentía cierta resistencia, ciertos comentarios chaqueteros que hubiese preferido no presenciar. Entonces, me pongo a pensar en otras alternativas: Y si por ejemplo, en vez de Camila Moreno, sobre el escenario hubiera aparecido Pedro Piedra, Chancho en Piedra o Chinoy, ¿la reacción hubiese sido la misma?

Camila entró al escenario, se mostró intensa y en una faceta diferente a la que estamos acostumbrados a ver, evidentemente lejos de su volada con el folclor, donde cantaba guitarra en mano y con voz limpia. Esta vez se presentó en su actitud rockera, desafiante, valiente y capaz de estar a la altura de músicos del calibre de las guitarras de Trey Spruance, el violín, guitarra y teclados de Timb Harris, el bajo de Toby Driver, los teclados de Matt Lebofsky y la batería de Ches Smith, a quien gracias al ángulo en el que estaba ubicada, pude ver su emoción a la hora de darle con sus baquetas a las cajas y platillos de su batería mientras tocaba Saptarshi y se cerraba esta segunda parte del show.

Vino el siguiente corte y con él nuevamente la ovación del público que los pedía de vuelta, sin dar opción a no regresar. Entraron con ‘Balance Of The 19’ y dieron fin a la noche con ‘Labyrinth Of Light’. La gente pidió bis pero ya era hora de irse. En el acceso algunos compraban poleras originales de la banda y a la salida unos graciosos tazones y stickers con la cara de Trey eran vendidos por comerciantes ambulantes. La gente conversaba, compartía opiniones, y otros se iban satisfechos, seguramente con la sensación de haber presenciado uno de los conciertos más interesantes, a nivel de intercambio cultural de los que hemos sido testigos en los últimos tiempos.

Los minutos pasaron y fue Timb Harris el que primero se asomó para compartir con los fans, quienes no dudaron en pedirle fotos, autógrafos y compartir más de una opinión con él. Cerca de las 00:00 apareció Trey, quien compartió, se rió, firmó, y posó para cada foto que le pidieron. Tan pronto se subió a la van, el conductor prendió el motor y sus puertas se cerraron, la gente lo despidió con un aplauso espontáneo.

Muy pronto se fueron todos, redondeaban las 00:30. Media hora después de despedirlo, un suceso natural sellaría este encuentro: Un sismo de 6,5 grados sacudía las tierras del centro norte del país, y por supuesto Trey y los Secret Chiefs sintirían este movimiento, mientras cenaban en un restaurant de comida peruana. Si puedo darle alguna connotación filosófica, astrológica o lo que sea, me permitiría decir que fue una pequeña vuelta de mano, un bautismo. Trey nos bautizó hace años, con los acordes desquiciados de Mr Bungle. En la madrugada del 17 de abril del 2012, la tierra chilena se hizo cargo de hacerlo parte de Chile:

Ya conoce nuestra gente, nuestros lugares, nuestras comidas, y también nuestros temblores. Se comprobaba que la noche del 16 y de la madrugada del 17 de abril venía cargada desde lo profundo: Un hito terrestre sellaba nuestro pacto y movía energías entre una relación que poco a poco se vuelve más especial y esperamos que duradera.

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