Mi estrella murió

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Se acaba el año 2009 y deja una estela con olor a muerte en el área artística notable. No quiero hacer el recuento de cuántos nos dejaron, eso se lo dejo a los programas de TV. Lo que quiero es compartir con ustedes cronológicamente las muertes que más he sentido:

Parto por el que quizá más he sufrido: Cuando tenía 14 años, murió Kurt Cobain, el cantante de la banda que escuchaba a full en el momento. Recuerdo que ese mismo día, Iván Valenzuela dijo en el extinto programa “Haciendo ruido en la rock & Pop” que la banda se tomaba un tiempo por los problemas de adicción de Cobain. Lo que no se sabía, era que Cobain yacía muerto hace 2 días con un escopetazo en su cabeza. Noticia que confirmaban ese día en la noche. Creo que nunca lloré tanto por un artista, el tema “suicidio” también fue muy duro de aceptar. Su muerte realmente me impactó y creo que a muchos les pasó lo mismo. Fue una muerte golpeadora y que de alguna manera marcó mi adolescencia, un golpe amargo sin duda.

Recuerdo también, que otra muerte que me dolió fue la de Oscar Olavarría (yo era fanática del Japenning con Ja). Lo vi dos veces: una vez fuera del Panorámico vestido de terno blanco, y poco antes de morir, estaba asomado en una ventana en la costanera, arreglando unas plantas y lo saludé. Fue muy amoroso y ya está. Tiempo después muere estúpidamente en una carretera rumbo a Viña. También lloré, haaarto. Recuerdo patente en el Buenos Días a Todos a la Margot Kahl llorando a moco tendío.

Admito, que la Lady Di también me hizo sacar un par de lagrimones, incluso puse el despertador a las 4:00 am para ver el funeral en vivo. Fue triste en verdad, no se merecía morir.

Y bueno, la muerte más reciente que me dio mucha pena fue la de Michael… el “Rey del Pop”, no es menor. Sentir pena que se haya ido es poco, es un conglomerado de cosas, de recuerdos de infancia, de adolescencia, (muchos de sus temas están en la banda sonora de mi vida). Un grande inigualado, que tuvo su peack y que luego vino todo lo de la pedofilia y sus trancas personales, que terminaron por encerrarlo en su casa, peinando la muñeca irremediablemente. Más triste es saber que tenía ganas de volver, de reencontrarse con los escenarios y de sentir el cariño de sus fans. De alguna manera era esperable que esto pasara, además, dicen por ahí que las verdaderas estrellas deben morir jóvenes (a excepción de Sinatra).

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