Kurt Cobain: 17 años sin ti

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Este mes se conmemoraron 17 años de la desaparición del líder de Nirvana, Kurt Cobain. Retroceder a ese 5 de abril de 1994 resulta extraño. Fue un día que muchos guardamos en nuestro disco duro como una de las fechas más tristes de la década de los 90. La noche del 5 de abril, miles de personas nos enterábamos de la loca e inesperada muerte de nuestro héroe del rock y líder de un movimiento generacional: el Grunge.

Fue doloroso. Tanto así que cuando lo supe no pude parar de llorar, la tristeza inundó mis cuadernos de espiral y transformó los dibujos ociosos en las aburridas clases de religión.  El mayor exponente de un movimiento con identidad, que nos cantaba desgarradoras canciones en el oído con walkman, había demostrado que lo suyo no era una pose. Lo suyo era dolor, y su dolor era de verdad. Kurt Cobain murió de un escopetazo en la cabeza, y había dejado una carta con el último alarido de su vida: Su suicidio. Kurt Cobain murió, anunciaban diarios, revistas y la radio, mientras que en nuestro corazón moría el lugar atesorado para él.

Hoy, a 17 años de ese día, confieso que es la muerte del artista que más me ha afectado. En la infancia, Mónica Santa María de Nubeluz había preparado el camino. Pero lo de Cobain no tenía –ni tiene- comparación. Simplemente nos golpeó con su último grito ensordecedor, el último grito de auxilio que nadie vio en sus letras ni en sus himnos a la soledad.

Su muerte nos sumergió en un profundo sentimiento de vacío sin escape: A los 14 años, la música que escuchas se convierte en el nutriente musical de tu vida. Pero a mis 14 años, ese nutriente se disparaba en la cabeza y dejaba un dolor que hasta ahora inunda de lágrimas el corazón.

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