Humor, pop y feminismo: la toma del Liceo 7 al ritmo de Natalia Valdebenito y Javiera Mena

Natalia Valdebenito junto a las alumnas del Liceo 7. Foto de: Andy Ruiz
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Ayer el establecimiento, donde dos de sus alumnas sufrieron heridas por disparos de balines de carabineros, realizó un evento con destacadas figuras que llegaron a hablar y cantar.

El Liceo 7 de Santiago está en toma. Tras un plebiscito interno después del estallido social, las estudiantes se acercaron a su directora, Denisse Berenguela, para comunicarle la decisión. Según cuentan, se generó una situación compleja que llevó a la jefatura a llamar a carabineros, quienes tras entrar al recinto hirieron a dos alumnas con balines de goma. Ante ese escenario, cuatro amigas vinculadas al arte y producción de eventos decidieron impulsar una instancia especial, la que se concretó ayer durante gran parte del día.

Una jornada que fue feminista. Desde la entrada del colegio comenzó a vivirse la experiencia: un cordón exhibió fotografías de heridos, torturados y muertos, víctimas de los abusos cometidos por las fuerzas de orden en las últimas semanas. Las acompañaba un cartel que decía “basta de represión”.

La entrada cuesta 1000 pesos, dinero que ocuparán en el cuidado y mantención del mismo establecimiento. En el acceso hay mujeres haciendo fila y las responsables piden el carnet de identidad a quienes llegan. Una vez adentro, pasando la mampara del hall de entrada, un busto de Gabriela Mistral da la bienvenida con un pañuelo feminista atado al cuello.

Foto de: Andy Ruiz

En el patio, chicas del liceo bailan reggaetón dentro de un círculo que las aplaude, mientras otras están sentadas, conversando en las áreas verdes. El colegio se ve limpio y organizado. Un equipo de productoras nos da la bienvenida y nos cuentan cómo nace la idea de hacer esta actividad cultural en el establecimiento. Macarena Campos es cantante; Yeimy Navarro es coreógrafa y DJ; en tanto, Caro Nieto y Constanza Clarke son productoras.

“Las cuatro somos amigas, queríamos hacer algo aquí. Nos juntamos igual que como nos juntaríamos a tomarnos una cerveza para ver cómo hacíamos una jornada de reflexión y de música en torno a la toma. Había que apoyarlas, les pasó algo súper traumático”, dice Caro Nieto. Por su parte, Navarro complementa: “Estábamos cumpliendo con nuestro rol de ciudadanas, yendo a las marchas y tocando la olla, pero como artistas nos sentíamos vacías. Pensábamos ‘¿cómo podemos ayudar?’. Por eso vinimos a este liceo, queríamos visibilizar que los estudiantes secundarios siguen protestando, poniéndole el pecho a las balas, haciendo el aguante al movimiento. Ellos comenzaron con esto y lo han continuado, pero poco se ha hablado. Quisimos venir aquí porque se convirtió en un establecimiento emblemático, además, el carabinero que disparó acá adentro lo dieron de baja, pero solamente está con firma mensual. Eso no es una solución, le dispararon a menores de edad, y que esa persona esté libre es muy injusto”.

Caro Nieto acota “es algo súper penca para las cabras, ven que les pasa algo heavy, que nadie hace nada. La directora desapareció. La alcaldía tampoco hizo nada, la ministra Pla tampoco se manifestó. Por eso nosotras dijimos ´estas cabras necesitan que las apoyemos’. Ellas aquí no están carreteando, cuidan su colegio, lo enceran, lo limpian, hacen asambleas, nosotras vimos toda su organización y nos motivamos a venir. Las demandas de las chicas son: que el carabinero pague, que la directora aparezca y la destituyan y que no les cierren el año escolar'”.

Jani Dueñas

Por su parte, Jani Dueñas está emocionada. Viene saliendo de un conversatorio con las alumnas del liceo y comenta sus impresiones tras el encuentro: “Siento que estar hoy en este liceo es una prioridad, por la violencia y represión directa que las niñas han sufrido por parte de carabineros y del estado. Esta toma, al igual que otras, es completamente justificada. A nivel personal siento que tengo que aprender de ellas, y en ese sentido, es poco tal vez lo que yo tengo que decirles. Es mucho más lo que yo quería escuchar y eso fue lo que tratamos de hacer en el conversatorio. Ahí hablamos sobre cómo ha sido desde mi oficio lo que está pasando en el país: desde el humor en momentos de dificultad, como la risa también es resistencia. Quise invitarlas a mantener la alegría, no es fácil estar acá para ellas, requiere de un aguante bien particular, y siento que estar aquí y que la gente sepa que esto está pasando es una inyección de valentía y esperanza para todos nosotros, que nos cansamos más rápido, que nos deprimimos más. En ellas y en todos los jóvenes está el reflejo de por qué está pasando todo esto”.

“Además, el movimiento feminista no puede pasar colado, este es un colegio de mujeres súper valientes, en el conversatorio vivimos momentos muy emotivos: una niña de 10 años que no estudia acá les dijo a las alumnas que están en la toma ‘cuando grande quiero ser como ustedes’. Entonces, tú ves que las nuevas generaciones están teniendo imágenes de mujeres valientes, poderosas, que saben lo que quieren y que son capaces de alzar la voz ante las injusticias, cosa que en mi generación no tuvo. Es como para llorar, porque estos cambios no son algo que vamos a disfrutar solamente nosotros, es para nuestros hijos, sobrinos y todos los que vendrán”.

Natalia Valdebenito

El testimonio de Jani Dueñas marca la pauta de cómo se viene la jornada. Poco rato después es el turno de Natalia Valdebenito, quien, con una actitud respetuosa, pausada y reflexiva saludó a las estudiantes y visitas de la toma del liceo.

Las alumnas están sentadas en el suelo del patio, la escuchan atenta. Natalia se sienta sobre una mesa y comienza contándoles que creció en el Barrio Huemul, cercano al recinto, y que gracias a eso tiene una visión real sobre los problemas sociales. “Muchas personas se confunden con mis ojos de color, pero mi origen es humilde y creo que nunca estuve más orgullosa de eso, porque en este minuto me sitúa en el lugar indicado”.

Natalia Valdebenito. Foto de: Andy Ruiz

Las alumnas la escuchan atentas, mientras ríen con las bromas que pronuncia en medio de su discurso. “Lo que les ocurrió a ustedes no es permitible, y me parece más condenable aún que las hayan expuesto desde este mismo lugar”. Luego, se refirió a lo difícil que es trabajar en el humor en este momento: “no tienen idea lo que es hacer comedia con el corazón roto, les comparto mi vulnerabilidad también”.

Llegado un momento, Valdebenito abrió el micrófono para establecer una conversación. Hablaron alumnas e invitadas. Fue un momento lleno de emoción, testimonios y verdad.

Denise Rosenthal

Es el turno de la música, la banda de Denise Rosenthal prueba sonido sobre el escenario, mientras en camarines la cantante comenta sus impresiones frente al contexto del colegio y del país: “Estoy contenta de poder acompañarlas, estamos haciendo trabajos con mujeres, generando espacios de reflexión, unión, contención, y creo que momentos como este sobre todo, son importantes para permanecer unidas con el foco puesto en lo que queremos conseguir, que es un lugar más justo y equitativo. Desde la música puedo apoyar, expresarme y comunicarme de la mejor manera”.

Denise Rosenthal. Foto de: Andy Ruiz

Sobre la situación que vive el país, dijo sentir una dualidad emocional: “me siento muy angustiada, triste, frustrada. Creo que todos tenemos bastante rabia acumulada, sin embargo creo que nos tenemos que quedar con lo positivo y tratar de encontrar los puntos que nos hacen mantener la esperanza de que entre todos podemos construir un país mejor”. Cuando sube al escenario las alumnas gritan, aplauden, corean sus canciones. Al terminar, Denise se saca fotos y conversa con una gran cantidad de alumnas que esperan su turno para compartir con ella.

Javiera Mena

La cantante conversa apoyada en la puerta de la sala que se ha dispuesto como camarín. Es la sala de música del colegio, sus paredes están acustizadas y en el fondo unos seis o siete bombos descansan esperando que se reanuden las clases. También hay un piano y algunas cosas para comer e hidratarse.

La representante del circuito de electropop entrega su testimonio: “No es primera vez que vengo a este liceo. Para el Día de la mujer me invitaron, tengo buena relación con este espacio. Me motiva obviamente venir a la toma feminista, además que sufrieron un episodio de violencia extrema, que es lo que estamos viviendo, pero cuando la violencia es hacia los menores de edad, toca otra fibra: te das cuenta que los derechos humanos están totalmente pasados a llevar”.

Javiera Mena. Foto de: Andy Ruiz

Sobre el país, dijo sentir que pasa por una transformación total. “Creo que es a nivel mundial, en Chile está pasando de esta manera, es una transformación dolorosa pero necesaria. Siento que el gobierno está como perdido, no veo mucha cabeza ahí, de verdad trato de ver la estrategia pero no la veo, no soy una persona que sabe mucho de política, pero creo que no hay que saber tanto para darse cuenta que están desorganizados y perdidos. Me afectó muchísimo en lo emocional, yo estaba en España cuando fue el estallido y vivirlo desde lejos me tuvo con angustia, insomnio, ansiedad, fue heavy vivirlo desde allá los primeros días. Quería venirme, algunas personas me decían que no lo hiciera, pero sentía que tenía que estar acá. Creo que en todo el país estamos con una carga emocional muy power y extrema, por un lado una sensación muy luminosa y por el otro muy oscura. Es interesante lo que está pasando, a mí me va a repercutir 100% como artista”.

Pocos minutos después, Mena sube al escenario. La cantante, que suele actuar con banda, se sube sola, pone las pistas, toca el teclado y canta, baila, salta al mismo tiempo que las alumnas gritan “el que no salta es paco”.

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