ESPECIAL| Los Bunkers a 15 años de Vida de perros: “Fue un atrevimiento a la altura de nuestra locura” (primera parte)

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Hace 15 años, la banda penquista vivía un giro trascendental en la historia de su carrera: el lanzamiento del álbum “Vida de perros” un 8 de septiembre del 2005.

El disco, al que pertenecen canciones icono como ‘Llueve sobre la ciudad’, ‘Miéntele’ o ‘Ven aquí’, fue también editado en Estados Unidos y México, obteniendo en este último país un éxito inesperado que cambió irreversiblemente la historia de Los Bunkers. ¿Cómo vivieron esos momentos sus integrantes? ¿Qué esperaban del disco cuando lo grabaron? ¿Qué opinan especialistas mexicanos que presenciaron el éxito de la banda chilena en su país? ¿Cómo ven estos hechos los entendidos chilenos?

Hablamos con voces especializadas de Chile y México, testigos del triunfo del grupo en tierras aztecas y chilenas, pero también conversamos con sus protagonistas. Dos integrantes históricos de la banda, Mauricio Durán y Gonzalo López, nos contaron sobre sus emociones y aspiraciones al grabar el álbum, que se convertiría en su obra cumbre.

Al fin un comienzo: La última tocata en Concepción

Ricardo Mahnke, productor y cineasta penquista, es categórico a la hora de recordar los inicios de la banda en Concepción. “Ya eran mito. Antes de irse a Santiago tenían un grupo de admiradores que los seguían a todas partes. Era un número asegurado”, dice. Fue él quien produjo el último concierto de la banda antes de emigrar a Santiago. “Mi hito con ellos fue realizar su último concierto antes de partir a la capital, como el mito del rockero que parte a triunfar a la gran ciudad. Algo así como Johnny Be Good, Cecilia, Los Tres, y tantos otros. Los Bunkers que conocí tenían a otro baterista, tocaron en El gato azul, un local de Germán Estrada (dueño del mítico bar Cariño Malo, Bar La República y Casa de Salud), en un show que había programado con otros artistas y que se llamaba Música viva. Fue el último del ciclo”.

Inicios de Los Bunkers, cuando eran la Pol Chefer Band (Almanaque Bunkero)

“Yo no los quería llevar al principio, porque ya habíamos terminado con las tocatas. Me gustaban, eran conocidos, pero no los había contemplado en esa ocasión. Ante la insistencia de un gran amigo, melómano, locutor y mánager, Jorge Mendoza, me atreví a hacer un último concierto con este grupo nuevo que se iba de Concepción. Fue todo un éxito. En ese evento tocó por última vez Manuel Lagos en la batería. Recuerdo haber saludado a Mauricio (Basualto) que estaba presente en esa tocata. Después salieron rumbo a Santiago y la vida para ellos ya no volvió a ser la misma”, recuerda el productor.

La voz experta:  “Vida de perros, el ADN de Los Bunkers”

Enrique Blanc, periodista y escritor mexicano, autor del libro de conversaciones con Molotov Puro Power Mexicano, De mis pasos con Julieta Venegas, y Café Tacvba cuenta cómo se vivió en México la aparición de la banda. “Supe de la existencia de Los Bunkers tras el lanzamiento de Vida de perros, el álbum que nos llegó a México. Pese a que ya tenían discos previos, las canciones contenidas en este fueron las primeras que escuché de ellos, especialmente ‘Llueve sobre la ciudad’.  Muy pronto, comenzaron a volverse una banda habitual en mi país. Supe que emigrarían para establecerse en CDMX y eso los hizo volverse de cierto modo ‘de la casa’. Los vimos participando en muchos festivales y, como conductor de un programa de radio en Guadalajara, visitaron en más de una ocasión mi cabina para conversar sobre sus lanzamientos o sobre la razón de su visita a la ciudad”.

Para Rocker (Eduardo Iñiguez), locutor de Reactor 105.7 FM –una de las emisoras más importantes de México– “se vivió en un momento en el que no había tanta conexión en las redes sociales y no contábamos con plataformas de streaming, era un poco más complicado descubrir lo que sucedía en otros países musicalmente hablando. No había un vínculo tan fuerte con Chile como ahora, aunque había relación con algunas bandas como con Los Tres y Lucybell”.

Rainiero Guerrero, actual director de Radio Futuro, recuerda el impacto que tenía el disco en su entorno, en tiempos que recién comenzaba a ejercer su profesión, aún lejos del cargo que hoy tiene en la estación radial. “Cuando salió lo escuché con un amigo alemán y a él le gustó mucho, rayó con el sonido y con las canciones, lo encontró muy bueno, no esperaba ese tipo de sonido acá y le llamó la atención. A mí personalmente me gustó porque Los Bunkers venían mostrando un alza disco tras disco, el último era mejor que el otro en términos de composición, de sonido, de calidad de grabación. Eso lo reflejaban sobre todo cuando tocaban en vivo. Eran de esas pocas bandas que uno decía: ¿cómo lo hacen para sonar tan bien?  El Vida de perros fue la consagración de todo ese proceso de crecimiento, un estado de madurez en términos compositivos y de letras, en términos de definición de lo que son Los Bunkers, un disco que pone la rúbrica del sonido de la banda. De ahí en adelante tenían derecho a hacer lo que quisieran. El Vida de perros tiene ese ese gran legado, es el ADN de Los Búnkers”.

La gestación: La mágica casa de Nicanor

¿Cuáles eran las expectativas de los creadores de este exitoso álbum? Mauricio Durán, guitarrista, tecladista y corista de Los Búnkers, lo recuerda así: “Yo esperaba hacer un disco diferente a La culpa, que con el que nos había ido bien, habíamos metido muchas ideas de producción, mezclamos sonidos de la nueva canción chilena con el rock. Habíamos invertido mucho tiempo y energía, y pese al resultado que fue muy bueno, resultó un poco agotador, entonces, planeamos hacer el Vida de perros mucho más crudo, con menos instrumentos, que fuera más guitarrero, esa era nuestra expectativa, hacer un disco más concreto”.

“Estábamos tratando de hacer un disco bien pop, lo veníamos trabajando en la sala de ensayo y estaba bien entretenido guitarrísticamente y también rítmicamente”, cuenta el bajista Gonzalo López. Evoca una frase pronunciada por Mauricio Durán al terminar de grabar La culpa, que marcó el camino que transitaría la banda para una próxima junta compositiva. “El Mauri dice: que en el próximo disco sean puras guitarras nomás. Fue una grabación eterna, de muchos instrumentos. Después, los chiquillos tuvieron unos líos amorosos y el disco fue permeado por este acento de desamor. La culpa fue nuestra primera ‘autoproducción’; Vida de perros, la segunda, un experimento pero con una madurez o claridad más decidora respecto a lo que queríamos en términos sonoros”.

Mauricio Durán hace referencia a uno de los ingenieros del disco, Francisco Straub. “Es un ingeniero que grabó La voz de los 80 con Los Prisioneros», relata. A su memoria vienen detalles de las circunstancias que desencadenaron que la banda terminara grabando en la casa de Huechuraba de Nicanor Parra, el fallecido antipoeta hermano de Violeta. “En ese momento estaba cerrado Estudios del Sur (donde grabaron La culpa, su disco anterior) y no habían abierto el estudio nuevo. Sacamos la consola y llevamos algunas máquinas de cinta para grabar. Incorporamos elementos del estudio y los llevamos a esa casa, que era de adobe. Éramos un grupo reducido de gente, con el Chalo González como ingeniero, Ángelo Carmona, un par de amigos de roadies y ya. Fue una bonita experiencia, grabamos muy concentrados y muy juntos los cinco, porque se grabó casi todo en vivo. Hacíamos tomas y captábamos a toda la banda tocando; solo las voces, pianos y acústicas se grabaron en overdubs” (capas de audio que se sobreponen en el proceso de grabación).

Gonzalo López recuerda otros detalles de los días de grabación: “la primera vez que entré al estudio vi los instrumentos listos para grabar en una sola sala, como cachando que íbamos a grabar todos juntos. Fueron días bien reconfortantes a pesar de que hacía mucho frío, era invierno. Pancho Straub nos preparaba todos los días almuerzos bien ricos, el lugar y el entorno eran increíbles: salíamos y veíamos caballitos pastando, era un marco bien agradable para la grabación”.

Efectivamente, entre los aspectos ‘místicos’ del registro de ‘Vida de perros’, está el lugar que escogieron para perpetuar sus canciones:  la casa de Nicanor Parra, que no era un lugar que se ocupara como estudio de grabación, pero que Los Búnkers tuvieron el privilegio de ser la excepción. Gonzalo López cuenta que “se hicieron las gestiones y se logró conseguir la casa para ocuparla como estudio, el adobe proporciona particularidades sonoras, reúne condiciones para que la grabación sea de buena calidad, así que nos lanzamos. La casa era chica, tenía dos habitaciones, instalaron la grabadora de cinta en el baño. Fue muy entrete, era increíble el lugar, como un oasis dentro de Santiago” mientras agrega algunas impresiones más sensibles acerca de la energía que el lugar les brindó “es una casa que debe haber albergado material invaluable en lo artístico (de Violeta y Nicanor) y que tiene una carga completamente positiva. No es obvio para todo el mundo, pero para mí esas cosas permean el sonido de un álbum o de un trabajo artístico”.

México: “Parece que nos está yendo bien”

La llegada de Vida de perros a México fue parte del engranaje fundamental para que el despegue de Los Bunkers fuera definitivo. El camino a este país comienza con una amistad surgida en Chile con los músicos de Café Tacvba. Así lo cuenta Mauricio Durán, hoy radicado en Ciudad de México: “Nosotros habíamos conocido a los integrantes de Café Tacvba en una Yein Fonda en septiembre del 2005. Ellos se trajeron una caja de discos nuestros para acá, entonces cuando iban a entrevistas los llevaban, los dejaban ahí para que los tocaran. A fines del 2005 el Sello EMI se interesó en publicar el disco”.

Por su parte, López recuerda lo sorpresivo que fue para todos enterarse de golpe del éxito que tenían en tierras aztecas. “Fue impresionante para nosotros, estábamos tratando de ‘coquetear’ con el mercado mexicano, muy a la distancia. Las comunicaciones de la época no nos permitían saber qué estaba pasando con el disco en México, ni teníamos una persona allá que nos fuera empapando de los avances. De sopetón nos llega la invitación al Vive Latino. Lógicamente aceptamos, íbamos a estar en un país nuevo y aprovecharíamos de sacar un par de fechas más para tratar de mover el asunto una vez ahí. No teníamos conciencia de lo que estaba pasando. Teníamos información mezclada con ansiedad, de que ‘parece’ que a los temas les estaba yendo bien, ‘parece que está sonando el disco’, ‘parece que los temas se están singleando’, ‘parece que a ‘Miéntele’ y a ‘Ven Aquí’ les está yendo bien’”.

Prensa Vive Latino 2006

Pero en México, otra era la óptica: “Los Bunkers eran esa banda que tomaba el relevo de la serie de grupos chilenos que conocimos previamente, desde Los Prisioneros a Los Tres. Y, en gran medida, ellos abonaron el camino para una generación posterior que vendría a México más tarde para triunfar de igual forma, la de Javiera Mena, Gepe, Mariel Mariel, Camila Moreno y Mon Laferte. Los Bunkers restablecieron en la segunda mitad de la primera década de los dos miles, gracias a sus canciones y su presencia, la fuerte conexión musical entre Chile y México” dice con palabras certeras Enrique Blanc.

Desde su vereda, Rocker cuenta cómo las radios mexicanas le dieron cabida a la música de Los Bunkers: “en México se empezó a conocer la música de la banda, teniendo difusión en medios como Reactor 105.7 FM en la Ciudad de México, en una etapa donde la radio gozaba una mayor atención de la audiencia, causando furor y atracción por Los Bunkers. Por ello, la grata sorpresa que se vivió la primera vez que vinieron, siendo su primer show ni más ni menos que en el festival Vive Latino en 2006, frente a miles de personas, dejando en shock a los integrantes de la banda, y de ahí fueron sumando una trayectoria considerable causando incluso la decisión de venirse a vivir a México y producir los siguientes discos en la República Mexicana”.

Lee la segunda parte de este reportaje aquí.

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