El último viaje de verano

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Fanny y Juan viven en Curicó. Están casados hace más de 30 años y producto de su matrimonio nació Pablo, su único hijo, que hoy tiene 29 años. Fanny trabaja como supervisora de una planta de frutas y Juan hace trabajos manuales en la línea de ferrocarriles.

Ambos tienen una adoración, una luz, una razón por cual vivir: Su nieto de 8 años, Thomás. Cada año, viajan en verano con su hijo y nieto a la “Isla Cancún”, en el mar de Constitución. Ahí disfrutan de la vida al aire libre junto a otros cientos de familias. La isla recibe cada año turistas que quieren estar en contacto con la naturaleza, disfrutar en familia de la vida en camping y celebrar el término del verano en la zona sur con la ”Fiesta Veneciana Maulina” que corona el cielo austral con cientos de fuegos artificiales. Este año, a diferencia de los anteriores, y por circunstancias que sólo el destino conoce, su hijo Pablo no tuvo ganas de ir, por lo que Fanny y Juan emprendieron sólo con el niño hacia la isla. Después de todos los preparativos, y a las 18:00 hrs. del 26 de febrero, dieron inicio a lo que sería su último viaje de verano. Llegaron a la isla 2 horas más tarde. Luego de instalar todas las cosas y de comer algo rico, se fueron a dormir. Pero la noche les tenía preparada la más real de las pesadillas…

Exactamente a las 3:34 de la madrugada del 27 de febrero de 2010, comenzó el terremoto en Chile, calculado en 8,8 grados en la escala de Richter, y que tuvo una duración de 3 minutos. Un corto tiempo después comenzaron a llegar las olas y la isla a inundarse. La gente intentaba aferrarse a la tierra como podía, pero las olas entraban por todos lados. Fanny y Juan decidieron amarrarse a un árbol junto a su nieto. (Esta escena corresponde a la última imagen que se tiene de los abuelos con vida). Estando amarrados, una ola los cubrió por completo y logró soltar a Thomás del árbol. Juan se desamarró tan rápido como pudo para ir a su rescate y entregárselo a Fanny, pero a pesar de lograrlo, el mar lo arrebató bruscamente de ellos… y de su vida.

“La Nina”, como Thomás llamaba a su abuela, subió al niño a una tabla que flotaba y mientras se movía en búsqueda de ayuda, sin soltar la mano de Thomás, le daba indicaciones sobre qué hacer en distintas situaciones. Fanny a ratos parecía perder el conocimiento y Thomás trataba de reanimarla. Cuando volvía en sí gritaba pidiendo ayuda y rezaba, haciendo toda clase de promesas con tal que se salvara su nieto. Fanny ofreció a Dios su vida a cambio de salvar la de Thomás. Recorrieron sobre la tabla de madera 6 kilómetros. Hacía frío y la oscuridad no permitía ver más allá de las propias manos. Un bote llegó hasta donde estaban y Fanny sin pensarlo embarcó a Thomás, pero sin explicación aparente, se rehusó a subir, a pesar de la insistencia de los rescatistas improvisados. El bote se alejó; y de él se alejó Fanny. Thomás permaneció obediente a los consejos de su abuela y se quedó en el bote, mientras veía como entre el agua y la confusa oscuridad, la imagen de “La Nina”, su querida abuela, desaparecía de su vista. Para siempre. A la mañana siguiente Pablo es informado de que su hijo y padres se encuentran desaparecidos. Gracias a Dios su hijo había sido rescatado y esperaba ansioso un abrazo que le devolviera el aliento y el calor a su pequeño cuerpo. Su padre lo llevó inmediatamente a Curicó y lo dejó bajo el cuidado de su madre, quien estaba destrozada por todo lo sucedido. Un par de días después, Pablo revela sus sentimientos más profundos a la familia: “Mis papás dejaron vivo a mi hijo, dieron la vida por él, y de eso estaré siempre agradecido”. Al día siguiente de la tragedia, y después de intensas búsquedas a cargo de operativos especializados, encontraron a 3 km. de la isla, bajo un puente y cubierto de ramas a Juan, arrebatado de la vida con la fuerza furiosa del mar. Curiosamente llamado en este lado del planeta “Océano Pacífico”. Pablo debió ejercer la dura tarea de reconocer el cuerpo de su padre, para luego poder sepultarlo.

Una semana después, María Eugenia, una de las hermanas de Fanny, no pierde la esperanza de encontrarla, “en el estado que sea” y no se cansa de hablar con una inmensa ternura sobre lo que su hermana significó para ella: “Éramos muy amigas, desde niñas fuimos cómplices y muy hermanables. La Fanny tenía muy buen carácter, era muy difícil que pensara algo malo de alguien, aunque era muy receptiva, sabía a quien acercarse y de quien conservar distancia”. “En el último tiempo, cuando una iba a la casa de la otra, conversábamos durante la noche disfrutando de un traguito y de un par de cigarros. Nos contábamos secretos que solo ambas sabíamos de la otra. Tanto era nuestro grado de unión, que yo le presenté a su marido y ella me presentó al mío”. Pero María Eugenia vuelve a la realidad, y con tristeza habla de la difícil situación que se les ha presentado en su rol de hijas, tras tener que contarle a su madre de 86 años, que su cuarta hija a una semana de la tragedia, no aparece. La búsqueda ha sido incesante y todos han participado de ella: operativos expertos, entidades ciudadanas, personas civiles, familiares incluyendo a Pablo, pero Fanny se resiste a aparecer. Según expertos, su cuerpo debería estar cubierto (al igual que el de su marido), por ramas u otros materiales producidos por la destrucción que hizo el mar en cada lugar de tierra que se permitió penetrar. Según una psíquica, su cuerpo estaría en la desembocadura del río Maule.

Hasta el momento, se han hallado 80 cuerpos y sólo 7 sobrevivientes de la isla, entre ellos el pequeño Thomás, quien seguramente recordará aquella noche como la peor pesadilla de su vida… Thomás ha sido un valiente, un guerrero. Más que sobreviviente, es el superviviente a una tragedia que pocos lograron esquivar. La muerte pasó por su lado, y se llevó ante sus infantiles ojos, dos de los seres que más amaba. Quién sabe si de ahora en adelante, y desde algún lugar etéreo, Juan guíe su camino, y sea la misma “Nina” quien lo arrulle por las noches antes de dormir.

Con cariño para María Eugenia Henríquez y Familia.
Johanna Watson

 

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(Versión en inglés correspondiente a la publicada en el periódico)

The last summer vacation

Fanny and Juan lived in Curico. They had been married for over 30 years and had an only child, 29 years old, Pablo. Fanny was a supervisor at a fruit factory and Juan a railroad worker.

Their pride and joy, their razon d’être, was their eight year old grandson Thomas. Every year they would take a summer trip together to Cancun Island in the Constitucion Sea to enjoy the fresh air, along with a hundred other like-minded families. Tourists make their way to the island each summer for family camping in the open air and to witness “Fiesta Veneciana Maulina”, which celebrates the end of summer by lighting the southern sky with fireworks.

Unlike other years, Pablo had decided not to go along, leaving Fanny and Juan to take Thomas to the island by themselves. At 6 pm that evening, february 26th, they set off for what would be their last summer vacation. They arrived at the island some two hours later, and after setting up camp and enjoying a hearty meal, all went off to bed.

At precisely 3:34 in the morning of February 27th 2010, the earthquake began, lasting three minutes and measuring 8.8 on the Richter scale. A short while later the waves began to flood the island. Everyone tried to grab on to what they could, but the waves came from all sides. Fanny and Juan decided to tie themselves and Thomas to a tree.

This scene would be the last image that Thomas had of his grandparents together.

Tied to the tree, a wave immersed them completely, and managed to pry Thomas from the group. Juan quickly untied himself and managed to catch hold of Thomas and return him to the arms of Fanny, but as swiflty as he did so, the ocean snatched away Juan himself from the safety of the tree and from the lives of his loved.

Fanny lifted Thomas on to a table that had floated within reach, holding him with one hand while she tried to look around for help, all the while imparting instructions. “La Nina”, as Thomas lovingly called Fanny, now seemed to lose conciousness. As Thomas tried to wake her, she suddenly came to and began to cry out and pray for help. She pleaded with God to save Thomas in exchange for her life.

The two floated on the table for over six kilometer. The night was cold and so dark that they couldn’t see their hands in front of their faces. Out of the darkness came a boat onto which Fanny pushed Thomas aboard. Without explanation and against the behest of the would-be rescuers however, Fanny refused to climb aboard. The strength of the ocean waves separated the boat

from the table, forcing La Nina from her grandson. Thomas, true to Fanny’s advice, stayed in the boat, while in the darkness and confusion, his beloved grandmother drifted from sight. Forever.

The next morning Pablo was told that his parents and son were missing. Thank God however, his son had been rescued and was anxiously awaiting to be reunited with his father. Pablo brought Thomas directly to Curico where he was left in the care of his mother, distraught from the day’s events. A couple of days later Pablo would emotionally recognize the sacrifice that his parents had made. They had given their lives for Thomas, something for which he would forever be grateful.

The day following the tragedy, after an intense search, Juan’s body was found. The ill-named “Pacific” Ocean had dragged him three kilometers from the island leaving him covered in debris under a bridge. Pablo was faced with identifying the body of his father who he would later lay to rest.

A week after the event, and Fanny’s sister Maria Eugenia had not given up hope of finding her alive. She tenderly spoke of what her sister meant to her:

“We were good friends, always together. Fanny had such a Good character and seldom thought ill of anyone. She was also a Good judge of character, knowing who to trust and from whom to stay away. Lately we would stay up late, talking and sharing a drink and a couple of cigarettes. We’d always share intimate secrets, and in fact we each introduced the others’ eventual husband.”

Maria Eugenia now faces a hard reality, and must sadly inform her mother of 86 years of the recent events and disappearance of her fourth child.The search has been intense with the involvement of many, from rescue teams to everyday citizens to Pablo himself. According to experts it is likely that Fanny’s body is similarly buried amid the debris wrought by the enormous waves of that day whever they touched land. A psychic has predicted her body will be found at the mouth of the River Maule.

To this day 80 bodies from the island have been found, along with seven survivors including Thomas, who will no doubt vivdly remember that tragic events of that day. Thomas is a soldier, a survivor. Death surrounded him and stole from in front of his very eyes, two of those that he loved the most.

Maybe from somewhere up above, Juan will guide his way and La Nina will continue to lull him to sleep at night. To María Eugenia Henriquez and her family

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