El tabú de la virginidad; o aquella cosa medieval………………

Captura fotográfica de fanzine impreso
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

 

Virginidad: Castidad, candidez, inocencia, integridad… pureza…

“Estado de la persona virgen, que ha vivido o vive un continencia perfecta: Una joven virgen”

La virginidad ha tenido durante siglos una serie de significados, los cuales ha evolucionado, se han mantenido, o simplemente, se han extinguido. En nuestra sociedad, la virginidad implica a quien no ha tenido relaciones sexuales, pero representa definitivamente significados totalmente distintos entre hombres y mujeres, por lo tanto, importancias absolutamente distintas entre un sexo y otro con respecto a este tema. Desde un punto de vista biológico, la perdida de la virginidad femenina implica la ruptura de un órgano ubicado en el interior de la vagina llamado himen, que es un proceso doloroso -para algunas más que para otras- y que produce sangramiento -también más para algunas que para otras-. En los hombres, este acto no presenta cambio biológico alguno, ni consecuencia alguna más que la de haber tenido una primera relación sexual y lo que ello significa.

Hablar de virginidad hoy en día debería tener un carácter de extrema naturaleza y de igualdad tanto para hombres como para mujeres. Han influido muchas cosas: el machismo, la religión, los miedos que experimentan los hombres, las culturas, la sociedad… nosotros mismos. Los tabúes que rodean a la virginidad no son una cuestión de nuestra cultura, de hecho, pueblos primitivos e indígenas tenían una serie de ceremonias, creencias y tabúes con respecto a este tema. Lo interesante aquí, es descubrir que en la cultura que sea, y más aún, en la época que sea, la virginidad ha estado y está rodeada de mitos, tabúes, creencias y significaciones que apuntan irremediablemente hacia la mujer.

He aquí algunos ejemplos de rituales indígenas con respecto a la “desfloración femenina”:
Entre los Dieri y algunas tribus vecinas (Australia), es costumbre general proceder a la rotura del himen al llegar las jóvenes a la pubertad. —En las tribus de Portland y Glenelg se encomienda esta función a una anciana, acudiéndose también, a veces, en demanda de tal servicio a los hombres blancos. Entre los Sacais (malayos), los Batas (Sumatra) y los Alfoes (islas Célebes), la desfloración es llevada a cabo por el padre de la novia. En las islas Filipinas existían hombres que tenían por oficio desflorar a las novias cuando estas no lo habían sido ya en su infancia, por una anciana encargada de tal función.

Con esta información, derivamos a una serie de interrogantes que nos llevan a pensar en el carácter sagrado y religioso con que se ha tratado la virginidad durante la historia.

En nuestros tiempos, esta situación han tenido una evolución de acuerdo a la forma de vivir y de evolucionar dentro
de nuestra cultura, pero no por esto se trata con naturalidad, con esto me refiero a que, si bien es cierto que los jóvenes pierden su virginidad cada vez a más corta edad y cada vez en más abundancia, muy pocos de ellos tiene una relación abierta y directa al respecto con sus padres. Esto se debe a diversos factores como lo son sus creencias, educación y religiosidad.

En el aspecto de la educación, un factor importantísimo es la forma en que han sido educados ellos con respecto a la sexualidad y por lo tanto, la manera en que educan a sus hijos. No es extraño entonces, mencionar que es muy común ver a padres que presionan en cierto modo a sus hijos varones con respecto a su sexualidad, impulsándolos psicológicamente a realizar el acto sexual, mientras que al mismo tiempo, a la mujer se la educa con el valor casi sagrado que presenta su virginidad, garantizándole ante la sociedad su posición como una mujer de bien y digna de respetar.

Es así como crecemos y nos desarrollamos. Es así como surgen tantas diferencias, discusiones, organizaciones machistas y feministas, derivaciones tan serias como el maltrato a la mujer, su degradación y poca valoración durante años, el comportamiento social asexuado por parte de la mujer y tantas creencias y mitos urbanos retrogradas que siguen estando presentes y, lo peor, siguen dañando a la mujer, quien crece rodeada de prohibiciones, tabúes y frases de la abuelita: “la mejor receta para no quedar embarazada es ponerse una aspirina entre las rodillas y tenerla bien apretadita”.

Esta situación obedece más bien a la doctrina que impuso la Iglesia, en cuanto asoció al sagrado matrimonio con la sexualidad, argumentando que el fin principal del sexo es la reproducción, y, por tanto, la instancia para conformar una familia, es decir: padre, madre, hijo, al igual que Jesús, María y José.
La religión es otro factor importante e influyente dentro del comportamiento de las personas con respecto a su sexualidad. Con el fin de evitar las relaciones prematrimoniales, la Iglesia ha utilizado cantidades de recursos que a mi parecer, pasan de lo prudente o lógico, al mal gusto, e incluso a una desorientación indiscriminada, lo que nos lleva a pensar que en vez de educar o transmitir conocimientos sabios con respecto a la vida y al buen obrar, cae nuevamente en el juego sucio de asustar y poner en contextos morbosos y pecaminosos algo tan natural como la sexualidad, tan propio de la naturaleza humana como comer o cagar.

No se trata de eso. Me niego rotundamente. Se trata de una educación sana con respecto a la sexualidad, una educación que puede tener bases sólidas como el amor, el respeto, y porque no,  el amor de pareja no poniendo como condición extrema el matrimonio: “Una joven que permaneció casta, pura, a pesar del amor intenso que le tenía a su novio. Como resultado, pudo decir con orgullo: ‘Soy un muro, y mis pechos son como torres’. No era como una ‘puerta giratoria’ que fácilmente cediera a la presión de la inmoralidad. En sentido moral era como el inescalable muro de una fortaleza de torres inaccesibles. Merecía que la llamaran ‘pura’, y podía decir de su futuro esposo: ‘He llegado a ser a los ojos de él como la que está hallando paz. Su propia tranquilidad mental contribuía al contentamiento que ambos sentían'” (El cantar de los cantares 6:9, 10:8:9, 10)

Ante la pregunta: “‘¿No ayuda a una pareja recién casada el haber tenido experiencias sexuales antes?’ No; al contrario, ¡eso suele restar lustre a la intimidad marital! En las relaciones sexuales premaritales el énfasis se pone en la satisfacción de uno mismo, en los aspectos físicos de las relaciones sexuales, sin embargo, en el matrimonio una saludable relación intima requiere freno, autodominio. La atención debe fijarse en dar más bien que en recibir” (1 Corintios 7:3,4.). El que cultives castidad o pureza te ayuda a desarrollar ese dominio. “Una joven que se había mantenido virgen en verdad era singular. ¿Qué hacia singular a esta joven? – Obedecía a la amonestación bíblica: “Ahora bien, el cuerpo no es para fornicación (lo que incluye las relaciones sexuales premaritales) (…) Huyan de la fornicación” (1 Corintios 6:13, 18.) Si, ella reconocía que las relaciones sexuales premaritales eran un pecado grave contra Dios”.

Al respecto, una visión racional y científica determina otra cosa. Sigmund Freud nace a fines del siglo 19 en Austria, específicamente en el año 1856. Dedicó su vida al estudio del alma femenina (como él mismo lo denomina) y es nada menos que el padre del psicoanálisis, en el cual habla sobre aspectos de la personalidad, asociándolos directamente con la sexualidad. Dentro de los tantos estudios que Freud hace durante su larga investigación, apunta ya en el año 1917, al tema de la virginidad. Para Freud, este fenómeno visto como un tabú implica diversos factores interrelacionados los cuales enumeraré brevemente:

-Angustia por la iniciación de todo acto nuevo.
-El dolor provocado por la desfloración.
-El desfloramiento provoca por lo general efusión de sangre.
-El tabú de la sangre se asocia con la menstruación.
-El primer acto sexual es ciertamente un acto inquietante, tanto más cuanto que provoca efusión de sangre.
-El primer coito, para el caso de la mujer, deja de ser plenamente un acto satisfactorio.
-La mujer es tabú en su totalidad. No lo es únicamente en las situaciones derivadas de su vida sexual: la menstruación, el embarazo, el parto y el puerperio (periodo post-parto).
-Temor por parte del hombre hacia la mujer, ya que ésta es muy diferente de él, mostrándose siempre incomprensible, enigmática, singular y, por todo ello, enemiga.
-El hombre teme ser debilitado por la mujer, contagiarse con su femineidad y mostrarse luego incapaz de hazañas viriles.
-Temor al efecto enervante al coito, lo que produce influencia de la mujer sobre el hombre al cual se entrega.
-Desengaño para la mujer, que permanece fría e insatisfecha en los primeros actos sexuales.
-Necesidad de algún tiempo y de la repetición del acto sexual para llegar a encontrar en el plena satisfacción.
-Presencia de frigidez meramente inicial y pasajera que en algunos casos se prolonga de manera perpetua.
-El carácter oculto que conlleva el acto sexual fuera del matrimonio.

Una de las cosas que llama mi atención sobre el planteamiento de Freud con respecto al tabú de la virginidad, es su posición con respecto al sexo, en el aspecto en que plantea una especie de “servidumbre sexual”, definiéndola como un grado de dependencia con quien se sostienen relaciones sexuales: llegando a tales extremos como el abandono y postergación de las actividades personales y una especie de “grado extraordinario de enamoramiento y debilidad de carácter”. Lo que no puedo afirmar, es que realmente este grado de enamoramiento se da más en las mujeres que en los hombres, porque aunque no lo mencione textualmente, la proposición de Freud apunta a mujer-amor, hombre-placer. Esto nos corrobora una vez más la presión que ejerce la sociedad para tratar estos temas. El hombre, avalado y perdonado por cualquiera de sus actos de promiscuidad o galantería, mientras que a la mujer se la enjuicia y condena socialmente con el adjetivo más degradante para ella: Puta, maraca, fácil…

Esta situación ha llevado a la mujer a tomar una actitud de indiferencia (social) ante el sexo, o de ser extremadamente pudorosa con el tema, evadiéndolo, negándolo, desconociéndolo, y, como se dice en buen chileno: “haciéndose las guevonas”. Por otro lado, está el comportamiento de los hombres, quienes tienen la libertad de opinar y demostrar públicamente su agrado por el sexo (…).  En este aspecto, llegamos a “la otra cara de la moneda”, que nos lleva a pensar en que si todos estos comportamientos, tanto de hombres como mujeres, son producto de la presión social, entonces ¿cuáles son los verdaderos sentimientos de ambos al respecto? Podría decirse que el hombre tendría esta actitud frente a los demás por una cosa de virilidad, lo que no significa que en
su interior, se sienta emocional y románticamente atraído por una mujer con la cual sostuvo relaciones sexuales.

Esto se debe también (a mi parecer) al argumento de Freud en el que sostiene que el hombre teme a ser dominado por la mujer, con el afán de sostenerse siempre “macho y sexual”. Del mismo modo sucede
con las mujeres, que pueden haber tenido una relación sexual placentera, pero debido nuevamente al peso de la sociedad, distraen la atención argumentando amor u otra afinidad romántica con respecto a quien se han entregado.

Expongo aquí mis ideas , colaborando ojalá con un pensamiento que aporte en el de muchos, de que conozcamos el funcionamiento de nuestros cuerpos y no los reprimamos como ya tantos lo han hecho durante tanto tiempo, generando así, un espacio para cuestionarnos el peso que la mujer ha llevado consigo desde hace siglos y considerar de todo corazón, si la virginidad y la sexualidad de esta debe plantearse como se ha hecho hasta ahora. Tampoco pretendo decirles a las mujeres “salgan a la calle y tengan sexo libre ¡FOLLEN CON TODOS!”. La cosa es que cambiemos nuestra manera de pensar y dejemos de ser de una vez por todas las mismas mujeres, quienes nos juzgamos y enjuiciamos negando nuestros deseos y placeres, propios de cualquier ser humano.

 

 

Puedes compartir en tus redes sociales

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram
Share on email
Email