Desaprender

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En la vida uno no sólo aprende y absorbe todo lo que está a nuestro paso. También desaprendemos, también olvidamos, también dejamos atrás. Algunas cosas que nos hacían especiales, por razones que a nosotros mismos nos parecen desconocidas, dejamos de saber.

De muy chica iba a un colegio donde nos enseñaban a leer música. Recuerdo que era capaz de identificar a la perfección la ubicación de cada nota y leer una pauta simple. Hoy con suerte distingo la llave de sol, el do y un par de notas más.

Me costó un mundo aprenderme las tablas de multiplicar. Los que me conocen de más cerca, saben que yo y los números nos divorciamos desde siempre. Desde hace ya un bien tiempo, volvieron a costarme ciertas tablas, la del 7 a la 9. Tengo una laguna. No hay caso. Las olvidé.

Cuando tenía unos 12 años aprendí a nadar, y de la mano aprendí a tirarme piqueros. De un momento a otro era seca. Me daba unos piqueros perfectos y sentía el placer de la curvatura en mi espalda cuando dentro del agua me inclinaba hacia la superficie. Un día, en el Club Providencia, practicaba mis piqueros y dentro del agua, cuando aún no me curvaba para salir a superficie, sufrí un impacto que me dejó aturdida. Tragué agua y me costó mucho subir. Otra persona se había tirado un piquero y chocó conmigo bajo el agua. Luego de esa vez, nunca más me tiré un piquero.

En algún momento de la vida aprendí a hacer pie de limón. Era la celebridad en las reuniones familiares pues en mi familia las especialidades que todos dominan son el buen queque y el buen küchen. Pero nadie le hace al pie de limón. Yo lo hacía al revés y al derecho y cada vez me iba quedando mejor. Una vez me pidieron el molde prestado. No me lo devolvieron, no me volví a comprar y si ahora me preguntan, la mitad de la receta la olvidé, la dejé en otra casa junto con el molde.

Evidentemente, la música ha sido y es uno de los motores que ha influenciado mi vida. En algún momento quise ser estrella de rock y como toda estrella incipiente, aprendí autónomamente a tocar la guitarra. Sabía un montón de temas, y era una experta en clásicos de fogata. No recuerdo porqué abandoné la guitarra, pero la cosa es que la dejé. Años después me he encontrado con ella y he intentado rememorar los temas que sabía. Apenas recuerdo un par de temas que temas sabía y muchos de los que recuerdo, simplemente se borraron de mi mente.

Si tengo que buscar una explicación, quizás la única es que en la vida todo va y viene, incluso las cosas que aprendemos. Un día las sabemos, nos lucimos, nos aplauden, y tiempo después ni siquiera están en nuestra memoria. La ráfaga imbatible del tiempo arrastra consigo cosas que creemos nuestras, pero que la vida nos arrebata sin avisar, sólo disfraza el momento y ya está, ya te lo quitó. Si tuviera que pedir por algo que no quiero dejar de hacer es esto mismo, escribir. El día que deje de hacerlo, probablemente no seré la misma.

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