Alfredo Castro sobre la CC: “Marcela Cubillos va a tener que sentarse a escuchar a la Machi Linconao”

Foto: Pablo Fattori
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Una conversación en profundidad con el actor Alfredo Castro sobre el momento histórico actual y nos cuenta sobre la última cinta que protagoniza: Blanco en Blanco dirigida por el cineasta chileno-español Theo Court y que ha sido un éxito de ventas en Chile, agotando la primera función del 29 y 30 de mayo.

Alfredo Castro entra 10 minutos antes a la conversación programada por Zoom. Sin haberlo planificado, también accedo con antelación y ante el tiempo extra, conversamos informalmente antes de partir la entrevista. Ambos tenemos una taza en la mano, probablemente los dos tomamos té. Alfredo viste de negro, usa anteojos con marcos gruesos en tono marfil que le dan un toque retro.

Como buen actor pregunta por la luz, por la calidad del audio, por la resolución de la imagen. Nos reímos de algunas anécdotas y se genera el ambiente ideal para conversar sobre la última cinta que protagoniza: Blanco en Blanco dirigida por el cineasta chileno-español Theo Court y que ha sido un éxito de ventas en Chile, agotando la primera función del 29 de mayo y abriendo paso a una segunda muestra, para el domingo 30 del mismo mes, cuyas entradas están a la venta por Puntoticket.

La cinta, que relata el viaje de un fotógrafo al sur de Chile a comienzos del siglo XX, cuenta además con las actuaciones de Alejandro Goic, Lola Rubio, Lars Rudolph, Ignacio Ceruti, David Pantaleón y Esther Vega. A poco tiempo de su estreno, ya tiene decenas de premios y nominaciones obtenidos en diversos festivales del mundo.

Alfredo habla en lenguaje inclusivo, con ritmo pausado y tono suave, es un interlocutor interesado, que toma nota cuando algo le parece interesante y está dispuesto a la charla: no monopoliza la conversación.

“El público ha aprendido a informarse sobre lo que va a ver”

– Blanco en Blanco ha sido un éxito de ventas. Antes de adentrarnos en la película, me gustaría preguntarte si sientes que ha cambiado el público chileno en su relación con el cine arte. ¿Hay una disposición distinta o siempre ha sido así?
– Creo que el tema pandemia y las plataformas han modificado evidentemente la manera de ver cine del público, desde que, por ejemplo, películas como Tengo Miedo Torero (2020) tuviera 200 mil ingresos en un fin de semana, y que ahora Blanco en Blanco tenga su preventa agotada y otras películas también –no solo en las que estoy yo para no ser tan ególatra–, como por ejemplo Matar a Pinochet. Muchas han agotado sus ventas y preventas. Una película chilena llevaba a las salas de cine entre dos mil y cinco mil personas, entonces es una modificación importante, el público ha aprendido a informarse sobre lo que va a ver, entonces creo que saben que Blanco en Blanco es una película de autor, que tiene una mirada que no es de cine de acción ni comedia, que es un cine que requiere un tiempo, una voluntad de ser vista. Ahora la gente abre una película y ve el reparto, el artículo de prensa, las críticas, los premios que ganó, la sinopsis. La gente llega más informada porque hay más tiempo.

– La película retrata el Chile de comienzos del siglo XX y aborda algunas temáticas que no vemos regularmente en el cine chileno, donde por lo general hay mucha dictadura, o los años ochenta. Esta cinta trata entre otras cosas el tema del genocidio selk’nam, los abusos que se cometían con ellos, con sus mujeres, un tema que pocas veces hemos visto en la pantalla grande, por ende, interesante y educativo. ¿Cómo lo ves tú?
– Creo que en la película viene una tremenda contingencia, pero está tratada como tú dices, de época, y eso supone una distancia del espectador, que está acostumbrado a la rudeza, a la cosa explícita. Théo Court es un director muy fino, delicado y sensible en su mirada. Él va a la Patagonia a tratar un paisaje, un territorio dominado por la colonización inglesa –y que efectivamente así fue– de hecho. Filmamos en una hacienda increíble, construida con maderas que venían de Inglaterra, en barcos, con toda la adversidad de esas tierras, donde se acaba el mundo literalmente, donde el horizonte no es plano, es curvo.
– Théo captura el territorio colonialista, con trabajadores humillados, explotados, maltratados, con trabajos miserables, con una dominación patriarcal muy fuerte, machista, con mujeres sumisas y explotadas, entonces tú vas viendo que las temáticas son super contemporáneas. Lo que pasa es que al ser tratada con un lenguaje “de época”, adquieren locamente otra dimensión, que tal vez no nos inquieten tanto porque pasaron en el pasado. ¡Mira la locura!, porque tú comprendes que el tema de un fotógrafo que es contratado para sacar fotos de un matrimonio de un hombre de cerca de 40 años con una muchacha de 14, o sea, pedofilia absoluta, y sin embargo tú las ves con cierta tranquilidad porque es “de época”.

La sublimación del deseo

A mí me gusta mucho la sensibilidad de Théo porque él trabaja la sublimación del deseo, hay pequeños detalles que tú como adulta podrás interpretar como avances un poco lujuriosos o eróticos, pero sin embargo el hombre lo que hace extasiado por la belleza de la muchacha es caer en el Síndrome de Stendhal, una inamovilidad pasional frente a la extrema belleza de la muchacha.

Alfredo Castro

– Ese hombre es un fotógrafo al que interpretas, y el tema de la fotografía dentro de la película también es relevante: vemos cómo en esa época las fotos eran importantes, que se requería de un tiempo para construir el cuadro a retratar, que se entendía el retrato como un asunto serio, no como ahora que nos sacamos fotos y las perdemos. ¿Cómo te relacionaste con todo eso y construiste tu personaje?
– Bueno, yo construyo desde la emoción, desde la primera lectura del guión, donde intento que sea una lectura casi mística –sin ser yo místico–. Para mí es un ritual muy importante, que hago físicamente, en silencio, solo durante muchas horas porque me es muy importante cómo ese guión entra en mi cuerpo y en mi sensibilidad.
– La primera lectura de ese guión me impactó por todo lo que hemos hablado y porque es un viaje muy interesante de un hombre que va a retratar un matrimonio y que se extrema a la belleza, a la ovación, a la lujuria y al deseo que le es negado, y termina en el mundo de los sicarios de la época, componiendo y fotografiando el genocidio de una etnia.  Ese viaje me parece magistral, yo no había leído nada igual y me metí en la emoción de todo ese trayecto.

– ¿Cómo aprendiste a usar la máquina fotográfica de cajón?
– Como estamos en un mundo muy especial que comparte fotos y selfies todo el día y como tú bien dices, que “da lo mismo”, hay una pérdida constante de la imagen frente al amor, ante la pasión y a la locura de capturar una imagen que tenía la gente en ese tiempo. Existen ahora en España asociaciones de fotógrafos de cajón de esas cámaras antiguas y trajeron una cámara de la época en que un señor me enseñó durante dos días a usarla. Empecé a darme cuenta junto a todo el equipo, que una fotografía de la época requería por lo menos diez minutos para ser tomada. Nadie lo había pensado.
– Eso hace pensar en el tiempo que tomaba preparar una foto en esos años, elegir la ropa, el pelo o lo que fuera para montar el encuadre. Hoy no nos detenemos a pensar en todo lo que hay detrás de una foto de esa época. Uno no se detiene en esta época a pensar en nada, en nada que requiera un tiempo, ni en lo que uno come, ni en lo que uno ama, ni en lo que uno escucha, ni en lo que uno ve, porque estamos viviendo la catástrofe de la velocidad o del tiempo.

– Otro de los aspectos positivos de la película es el ambiente que se logra, uno siente que  viaja por el espacio y tiempo, y se encuentra con una sensación que transmiten las fotos de principios del siglo XX, entre lúgubre, siniestra, de poca sonrisa, sombría, y que está muy bien retratada en la cinta. 
– Son mundos muy duros también. Creo que ese tipo de fotografías provocaba mucho susto en la gente, no se sabía qué era, es como que tú y yo estemos hablando ahora, pero ni tú ni yo nos preguntamos cómo sucede esto, a través de qué mecanismo. En 100 años más la gente se reirá a gritos por no haber preguntado nunca, y que entre tú y yo haya unos segundos de delay les va a parecer que es una estupidez, y no nos dimos cuenta. Tampoco nos dimos cuenta que para cada una de esas fotos había que estar tieso, sin moverse durante diez minutos, por lo tanto ¿qué sonrisa se puede captar en diez minutos?

Genocidios de etnias en Chile

Sobre la contingencia que hablaba al comienzo de la película, no quiero dejar pasar el tema del genocidio, piensa que a no más de siete horas de Santiago, en el Wallmapu está ocurriendo un enfrentamiento entre el Estado de Chile, los mapuches, las fuerzas militares, Carabineros, el GOPE, en fin, hay una lucha. En la época (de la película), la familia Meléndez y la familia Brown pagaban por orejas de indios (Selk’Nam) para exterminarlos y robarles sus tierras. Ahí tú dices “era normal matar indios” y ni siquiera uno se pregunta “exterminaron una raza, una lengua, un pueblo, una ideología, una cultura desapareció por la voracidad de dos familias”.

Alfredo Castro

– Y siguiendo con la contingencia que planteas como eje de la película, se puede agregar a tu lista el tema del feminismo, Blanco en Blanco muestra cómo se normalizaron relaciones matrimoniales entre niñas y adultos, o situaciones de tensión como la que ocurre en una escena donde el fotógrafo recrea una foto sugerente con una niña, con una mujer adulta presente, entonces se entiende que hay normalidad en el contexto. 
– Claro, es muy poco el tema que se toca de Lewis Carroll, creador de Alicia en el Espejo, el escritor que era fotógrafo hizo impactantes fotografías eróticas de niñas chicas, si alguien las tomara hoy, estaría preso de por vida. Alicia en el Espejo la escribió un pedófilo, para los días de hoy.
– Esa escena que mencionas para mí es tan conmovedora. Hay todo un fenómeno ahí muy interesante con la mujer presente como tú dices, en la cual no hay indicios de nada ilegal, de nada de falta de ética, todo es normal, todo está bien.

– No soy historiadora ni experta, conocía sobre el genocidio de los Selk’Nam, pero no me había detenido a pensar en el abuso hacia las mujeres de esa etnia, utilizadas sexualmente, vestidas con ropas occidentales…
– Tampoco soy docto en la materia, pero si empiezas a revisar las expediciones marinas que cruzaban el Estrecho de Magallanes, donde tomaron a los kawésqar (alacalufes) u onas y los subieron a un barco, y donde una familia se los llevó a Inglaterra, se les enseñó inglés, se les vistió de época, se los llevó ante la Reina Victoria y ella las regaló un set de tazas de té –todo esto pasó en varios años– y después los traen de vuelta, los botan de nuevo en su isla y estos chicos kawéskar, hombres y mujeres, se dedican al pirateo y a hacer pedazo cuanto barco pase por ahí, como sea, con sus canoas. Hubo muchas historias de saqueos, de humillaciones étnicas, raciales muy fuertes. Es muy apasionante la historia de un personaje que llega a algo, un artista que llega a la belleza y termina siendo parte de estos sicarios, de este mundo masculino, terrible, de criminales.

Cuando vi la película me acordé de Dead Man (1995), dirigida por Jim Jarmusch y protagonizada por Johnny Depp. Hay una especie de diálogo entre ambas cintas, un viaje que termina en un lugar inesperado y una transformación del personaje principal. También se aborda la temática de los indígenas alfabetizados y usurpados de sus tierras. Es una película tragicómica, me pareció que hay un puente entre ambas.

Alfredo toma nota, dice que buscará la cinta y agradece la recomendación. Le comento de la asociación a Théo Court, director de la película, quien me responde “¡sí, la conozco!” Hay algo de transformación de viaje, algo tiene”.

 Elecciones constituyentes y el futuro de Chile

– ¿Qué te pareció lo que pasó el fin de semana de las votaciones y qué esperas que pase en términos generales con la cultura?
– Estaba pensando en esto justo antes de esta entrevista, desde el domingo no he escuchado a nadie hablar de la cultura. En varios medios se han hecho resúmenes de lo que propone cada candidato constituyente, candidata, candidate, cuáles son sus eslóganes, sus frases, sus búsquedas, y salvo los dos actores electos, Malucha Pinto e Ignacio Achurra, nadie ha puesto la cultura como un punto importante para la ciudadanía. Creo que lo voy a exigir, voy a empezar a llamar a mis compañeros, compañeras y compañeres para hacer algo que, en estos 40 años, ni la Concertación, ni la Nueva Mayoría y menos la derecha han puesto la cultura como eje fundamental en el desarrollo de un país. ¿No será tiempo de que así sea? Ahora, lo que pasó me pareció impactante, quedé profundamente conmovido, contento, enojado conmigo, porque siendo un hombre que estudió en la universidad, que soy viejo, que tengo cierta cultura, no entendí las elecciones. No entendí lo que era la Lista del Pueblo.

La gente no fue a votar por miedo.

Alfredo Castro

– Es que estaba complicado.
– Estaba muy complicado, incluso cuando dicen “la gente no fue a votar por desidia” no, la gente no fue a votar por miedo.

– ¿Miedo a equivocarse?
– A la gente le daba miedo encontrarse con un voto de este volado, con 80 nombres y no saber qué hacer, y ser tratados como una persona idiota, inculta, ignorante, hombre o mujer, por no saber por quién votar. A mí me costó encontrar a mi constituyente y lo llevaba anotado. Entonces, he estado pensando que efectivamente fue una elección épica, fue un triunfo, una batalla, pero épica en realidad porque era tal el desafío y la gente lo asumió. El 43% lo asumió y lo enfrentó y claro, un 52% no fue capaz, pero no por desidia, fue por miedo, por falta de comunicación. Así y todo se dio un batatazo pero rotundo, y me parece que va a ser un ejercicio pero de dignidad tremendo cuando la (Marcela) Cubillos, con su soberbia de clase, con su soberbia de pertenencia, de lugar, de millones, con sus privilegios, tenga que sentarse a escuchar a la Machi Linconao ¡Y la va a tener que escuchar!

Se acabó la derecha en Chile

Que no crea que ella va a venir con su soberbia a imponer algo de ella, o la (Tere) Marinovic. Para ella y todas elles va a ser un ejercicio donde se van a encontrar con lo que nunca conocieron, que es la verdadera democracia, ahí la van a conocer. Hay gente que votó comunista, que votó RN, que votó Evópoli y Republicano, cualquier cosa para que no la hueviaran. No quedó otra, pero fue el último pacto que la derecha es capaz de firmar. Ya no hay más, se acabó, se acabó Pinochet, se acabó la dictadura, se acabó la derecha en Chile. La derecha llegó al lugar que siempre tuvo.

Alfredo Castro

– ¿Qué te gustaría que pase con el teatro y con el cine?
– Que estuviera en la Constitución como un derecho irrenunciable el acceso a la cultura, a la cultura asociada a la educación y no me mal entiendas al aprovechamiento cultural del ocio y no estar viendo ocio como estupidez, como pérdida de tiempo, sino que un ocio asociado a la sensibilidad, a la educación y a la cultura, eso debería estar en la constitución.

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