Aldea Local: Johanna Watson, comunicadora musical: «Las mujeres que trabajamos en esto, hemos tenido que validarnos más de alguna vez»

Por Pamela Gaete

Cuando comencé a redactar la introducción a esta entrevista, la primera imagen que se me viene a la cabeza de Johanna es como reportera. Pero no de esas que salen en la tele con falda y tacos, sino de las que en un concierto, bajo el escenario y que observan, anotan, graban, preguntan, insisten y buscan retratar al personaje completo, al ambiente, el aporte. Johanna es una amante de la música, que ha querido ser más que una espectadora: partícipe activa del circuito musical chileno, trabaja para dejar registro de estos personajes, bandas, discos, conciertos. Como dice su bio «publicista de profesión, pero periodista y gestora de oficio», aclarar esto es casi una anécdota para quienes leen, pero la entiendo, pues hay quienes siempre nos sentimos un poco usurpadores de espacios al no tener «el cartón» que pruebe que podemos dedicarnos a una tarea particular. Sin embargo, Johanna tiene ese espacio en las letras y la música muy bien ganado, a punta de talento y esfuerzo con escritos que han tenido destacada participación en diferentes medios nacionales. En un país que es muchas veces segregador, existen varixs periodistas musicales que se ven lejanxs, inaccesibles y academicistas y están otrxs, como Johanna, comunicadorxs de tomo y lomo, con calle, energía y fuerza en su relato.

Dentro del especial Aldea Local dedicado a las trabajadoras de la música, conversamos con Johanna, de la música en general, sus reportajes y también (¡lamentablemente!) de la pregunta que nos convoca en estas fechas: ¿es más difícil para nosotras las mujeres trabajar en música? Acá la conversa:

Johanna, ¿cómo nace este interés de escribir de música?

Siempre escribí. Cuando chica llenaba diarios de vida y cuadernos con historias que inventaba y con lo que me pasaba durante el día. En paralelo, desarrollé el gusto por la música. Son dos amores que han viajado conmigo toda la vida. A los 20 años escribí por primera vez en un fanzine punk, mis textos no eran sobre música, pero sí eran feministas, reflexivos, ligados a la cultura. El fanzine se vendía en el Persa Bío Bío, en el Eurocentro y en el Portal Lyon. Me gusta leer esos textos ahora, 20 años después y descubrir que era feminista desde ese entonces. Luego de eso volví a escribir sobre música, en mis redes sociales contaba todo lo que me pasaba antes, durante y después de un concierto y la gente comentaba, me leían personas que no estaban ni ahí con las bandas de las que hablaba, pero les gustaba mi onda para escribir, la “pluma”. Eso me fue mostrando el feedback de los lectores, aunque a una escala muy menor, claro. Luego tuve un sitio de recuerdos noventeros durante dos años y ahí mi especialidad fue la cultura popular y sobre todo la música. Para mí escribir sobre esos temas se ha dado naturalmente, sin forzarlo, solo fluye y soy feliz. Siempre estoy con ideas para escribir de todo, me falta tiempo para concretar. Luego entré a los medios, en El Dinamo estuve 4 años y escribí muchas reseñas de bandas, de conciertos, hice entrevistas, reportajes, crónicas. Ahí terminé por darme cuenta que quería seguir ese camino y abandoné mi carrera, la publicidad, para ejercer el periodismo y escribir sobre la música, que es mi gran compañera de ruta.

Tu fuerte es la crónica, ¿qué buscas cuando haces un reportaje?

Me encanta escribir crónicas, es donde me siento más cómoda, aunque siempre es para mí un gran desafío: lograr llegar al público, poder expresar y decir todo lo que vi, sentí y experimenté en determinado momento y lograr que la gente lo viva también. Tengo la suerte de ser observadora innata, entonces no me doy cuenta cómo registro imágenes que aparecen cuando las tipeo en el teclado de mi computador. Pero no todo es así, también tengo la conciencia en otros momentos de saber que estoy presenciando algo que voy a llevar a un texto y tomo nota mental.
Cuando escribo un reportaje, busco que la misma investigación me lleve a un lugar que desconozco, idealmente descubrir algo que no sabía, sorprenderme, emocionarme y traspasar esos sentimientos al texto, para conmover al lector. La idea es hacer un viaje entretenido, con sorpresas y emoción.

Johanna con Gustavo Gatica, foto Cristóbal González, 2020.

Respecto a las crónicas, algo bonito que me pasó hace poco, fue que escribí sobre una reunión donde Santaferia invitó a tocar batería a Gustavo Gatica, el joven que perdió su visión total después de que carabineros disparara perdigones en sus ojos durante el estallido social. Cuando ya estuvo publicada, Gustavo me envió un audio al whatsapp y me dijo que le encantó, que fue como verse ahí y que quería volver a leerlo hasta cuando fuera más viejo, para volver a ver esas imágenes que yo describía en el texto. Por lo mismo me invitó a escribir una crónica de otro proyecto que está haciendo. La verdad me siento muy honrada de poder escribir para Gustavo, mostrarle en un texto lo que veo, ser sus ojos en un instante importante de su vida y narrar todo con detalles y emoción. Que me diga después que se emociona o que se entretiene o que lo quiere volver a leer, para mí es una tremenda responsabilidad y también un regalo de vida.

De los artistas que has entrevistado, cuál es el que más te ha impresionado?

Daniel Melero, argentino, quien grabó el disco «Colores Santos» con Cerati. Lo entrevisté en Buenos Aires, no era el tipo más carismático del mundo, pero cuando comenzamos a hablar, entendí todo: el tipo tiene una habilidad para hablar teóricamente sobre conceptos musicales muy difíciles de describir, con un lenguaje muy específico, sofisticado y descriptivo. Fue un lujo conversar con alguien con ese nivel de sensibilidad . Entendí entonces por qué fue “el cuarto Soda” en el disco «Dynamo» de Soda Stereo, y por qué Cerati lo reclutó para sus proyectos. El tipo tiene un talento para conceptualizar impresionante. Me encantaría volver a entrevistarlo. De pura chocha.

Con Daniel Melero, foto de Alejandro Oropeza, 2019

 

¿Qué mujeres de la música crees que nos falta relevar?

Pese a que es muy popular, siento que Chile aún no valoriza como corresponde a Cecilia la Incomparable. Ella no es una viejita de la Nueva Ola que cantaba “Baño de Mar a media noche” solamente, no, ella es mucho más que eso pero nadie lo dice. Cecilia es la representación de los albores del feminismo en Chile, su fortaleza, su talento impresionante, su carisma que ya se quisieran miles de artistas en la actualidad es muy exclusivo. La Cecilia llenaba sola el Caupolicán dos veces al día, mientras que sus compañeros de la Nueva Ola debían reunirse en grupo y sólo en un show lograban el peak de entradas. Cecilia fue rupturista no sólo por atreverse a usar pantalones cuando una señorita solo debía llevar faldas, ella es posiblemente la primera que versiona a Violeta Parra con un “Gracias a la Vida” espectacular, totalmente osada para la época que además fue musicalizada por don Valentín Trujillo, otro capo del que no conocemos casi nada, sólo que fue el pianista de Mario Kreutzberger, el Profesor Rossa y Pin Pon. La Cecilia es una heroína, una pionera, una representante de la comunidad LGBT muy querida y respetada por ellos. Por eso es fome cuando la invitan a la tele, le hacen las mismas preguntas de siempre y la reducen a “la cantante de la Nueva ola”, cuando es mil veces más que eso.

Johanna con Cecilia, foto de Gloria Henriquez, 2018.

¿Has tenido problemas en el ambiente musical por ser mujer? o ¿crees que es más difícil para una mujer validarse en un ambiente masculino?

Hay algunas cosas que se ven menos ahora, pero me pasó alguna vez que un entrevistado apenas me ve, me demuestra sin filtro que me quiere comer “con papas fritas”. Es bien extraño cuando te acercas a alguien con un interés cultural e intelectual y de la contraparte no paran de mirarte libidinosamente ni de hacer chistes en doble sentido, convirtiendo un momento esperado en un recuerdo incómodo y absurdo. También, hace como 9 años, preguntándole a un director si podía escribir en su medio (con fines laborales) me hizo una propuesta sexual, como “pase” intermediario para lograrlo. Hoy algo así sería impresentable, pero a mi me pasó.

Las mujeres que trabajamos en esto, hemos tenido que validarnos más de alguna vez: la historia nos ha estigmatizado, desde la era Elvis o Los Beatles, se nos mostró como seres incapaces de dimensionar el talento de un artista, solo se nos ridiculizó mostrándonos en estados de histeria, locura, gritos y llanto descarriado. Después vinieron las groupies, denominación para referirse a aquellas mujeres que persiguen a las bandas sólo con interés sexual. Estoy segura que ha habido miles de “hombres groupies” a lo largo de la historia pero a ellos nunca se les señala. Este personaje ha sido replicado por las revistas y medios de comunicación en general, mostrando a la mujer como un ser poco profundo, sin las habilidades de un hombre para apreciar la música. Por lo mismo muchas veces me vi justificando mi gusto por un cantante o banda más allá de su belleza física, o respondiendo cuestionarios inquisidores, que buscaban “atraparme” en mi supuesta incapacidad de apreciación de la música.

Hace poco inauguraste tu web ¿ por qué?

Porque llevo 20 años escribiendo y sentía que parecía mucho menos tiempo, al no tener un lugar concreto donde contener todo y decirle a la gente “esto es lo que hago”, cuando quería hacer eso tenía que buscar en internet un montón de links dispersos y al final tampoco quedaba claro. Mientras mostrara todo por separado el mensaje nunca sería “la mitad de mi vida se la he dedicado a esto”. Lanzar el sitio fue un gesto de amor propio, una forma de autocuidado, de valorizar lo que he hecho, de rescatarlo de los olvidados sitios de internet o de sacarlo de mis estanterías y ponerlo a disposición, como correspondía. Me lo debía y estoy contenta de haberlo logrado. Fue como escribir varios libros. Aún me queda mucho material por subir, pero con lo que hay, es más que suficiente para que la gente pueda sondear, ver mi procesos en la búsqueda de tema, el encuentro con mi estilo, y también de hacer un viaje por el Chile de los ’90, 2000, estallido y pandemia. He escrito en todos esos momentos y todo está disponible ahí.

¿Qué crees que nos falta para ser una industria musical paritaria?

Creo que los equipos que hay detrás de las bandas o cantantes aún son muy masculinos. Deberían haber más técnicas de sonido, ingenieras, Managers, roadies, músicas ejecutando instrumentos variados en las bandas. Faltan mujeres sobre el escenario y detrás de él. Camarógrafas, ese tipo de cargos que aún están súper masculinizados en la industria. También falta visibilizar a las que hay, en periodismo por ejemplo somos muchas, pero siempre oímos nombrar dos o tres. Hay que visibilizar y pensar que las mujeres podemos estar en cargos que históricamente se le designan a los hombres. La industria es machista, pero siento que de a poco se irán emparejando las cosas, no debemos bajar la guardia eso si.

¿Qué les dirías a las mujeres que les encanta la música, pero que no se animan a trabajar en el rubro?

Que es lo más bonito hacer lo que te mueve el corazón, y si la música representa eso para ellas, que den ese paso, siendo estudiosas, meticulosas, con la conciencia de que estamos en un camino, en una transición donde aún hay que pavimentar, validándonos, donde aún se nos ve como objetos sexuales o se nos cuestiona la capacidad de profundizar a la hora de apreciar la música. Pero vamos con convicción y todas juntas, un paso a la vez… llegará el día en que todo esto será un mal recuerdo y primará el poder femenino.

Durante este verano, Johanna reunió sus escritos en la web https://johannawatson.cl/. Pueden además seguirla en sus redes sociales: @jowapa en Instagram y twitter y https://www.facebook.com/jowapa

Share on facebook
Compartir en Facebook
Share on twitter
Compartir en Twitter
Share on whatsapp
Compartir en WhatsApp
Share on email
Compartir por Email